El perdón no se da porque alguien “lo merezca”, sino porque el alma necesita paz.
No es un favor a los demás, sino un acto de respeto hacia uno mismo.
- El perdón no va a borrar lo que viviste, lo va a reordenar:
pone cada cosa en su lugar y nos devuelve la energía que estaba atrapada en el resentimiento.
- Perdonar no significa que lo que pasó estuvo bien.
Significa que ya no quiero seguir lastimándome con ello.
Durante mucho tiempo creímos que perdonar era dar la razón,
olvidar, o aceptar lo que no merecíamos.
- Pero el perdón no tiene que ver con el otro,
tiene que ver con cómo elijo vivir a partir de hoy.
- El resentimiento es una cuerda invisible que nos ata al pasado.
Cada vez que recordamos lo ocurrido con rabia o culpa,
la cuerda se tensa y nos jala hacia atrás.
- No podemos avanzar porque seguimos viendo lo mismo.
Perdonar es soltar esa cuerda.
- No porque el otro lo merezca,
sino porque mi paz lo necesita.
El perdón no siempre llega de golpe.
- A veces se da en capas:
una palabra, una comprensión,
una noche en la que simplemente ya no duele tanto.
Y aunque parezca pequeño, eso también es perdón.
- Cuando me perdono a mí,
le devuelvo a mi alma la ternura que olvidé tenerme.
Y cuando perdono a otro,
dejo de mantener una batalla que solo me agotaba.
Perdonar no justifica, pero si me recuerda que soy más que mi herida.
- Que debajo del dolor hay una vida que quiere seguir amando.
Y lo hermoso del perdón es que no requiere que el otro cambie.
Solo requiere que yo decida no seguir cargando su sombra dentro de mí.
- El perdón pone lo vivido en su lugar y devuelve el espacio al presente.
Cada vez que elijo no reaccionar igual,
no contar la misma historia,
no alimentar el enojo…
estoy practicando el perdón.
- Y así, poco a poco,
la herida deja de doler,
el pasado se vuelve maestro,
y el corazón vuelve a ser casa. - “Perdonar no cambia lo que pasó.
Cambia el modo en que me miro cuando lo recuerdo.”
“Y en esa mirada nueva… comienza mi libertad.
Martha Díez
0 comentario